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El histórico trofeo fue comprado en la Casa Escasany, una prestigiosa joyería y relojería fundada por tres hermanos españoles en 1892. El bisnieto de uno de ellos, quien mantiene viva la tradición familiar por medio de la orfebrería, revela detalles sobre la procedencia del símbolo del torneo continental más antiguo del mundo.

Cuenta la leyenda que en 1917 el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino le donó a la Conmebol el trofeo que actualmente identifica a la Copa América. Lo hizo en el marco de la segunda edición del Campeonato Sudamericano en Uruguay y según registros oficiales, la compra fue realizada en Buenos Aires y tuvo un costo de 3.000 francos suizos, pero ¿cuál es el origen del trofeo? ¿Donde lo hicieron y quiénes fueron los hermanos Escasany?

LA CASA ESCASANY, EL LUGAR
Apremiados por el mal pasar económico en España a fines del siglo XIX, Juan, Manuel y Ramón decidieron “hacerse la América” y abandonaron su Cardona natal, pueblo ubicado a poco menos de 100 kilómetros de Barcelona. Sin dinero suficiente para llegar a las costas argentinas, desembarcaron en Uruguay y vivieron un breve tiempo en Montevideo, desde donde cruzaron el charco como ilegales en un velero para arribar a Buenos Aires.

Con algo de experiencia en el campo de la relojería, en 1892 fundaron en tierras porteñas la Casa Escasany (San Martín al 200). Pero lo que ellos no sabían era que aquel local crecería y se convertiría en la relojería, joyería y platería más importante de Sudamérica, con locales en muchas en las principales ciudades del país. Para 1925 eran los dueños absolutos del mercado en la venta, refacción y arreglo de relojes y joyas. Manuel y Ramón se mantuvieron en el negocio, pero Juan volvió al Viejo Continente cuando logró posicionarse económicamente.

Eran dos, pero cuando empezaron a crecer de manera exponencial, tomaron empleados y lo hicieron seleccionando preferentemente mano de obra española. “A los empleados le brindaban salud, educación para sus hijos (hasta séptimo grado) y un parque recreativo en Tigre. Lo que dan los gremios hoy en día, ellos ya lo brindaban como algo privado en esos años”, detalla el bisnieto de Ramón, quien con sus manos mantiene viva la tradición familiar como orfebre.

La primera edición del torneo se organizó en Argentina -entre el 2 y 17 de julio de 1916- como parte de la conmemoración del centenario de la independencia local. Además de los dueños de casa, compitieron Brasil, Chile y Uruguay, el campeón. Al mismo tiempo, el día 9 de ese mismo mes, se fundó la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol)

Dueña del mercado, con prestigio y renombre, Casa Escasany fue el lugar ideal para que el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino comprara el trofeo que posteriormente donó a la recién nacida  Conmebol, en Uruguay. “En esa época Escasany Hermanos creo que ya era Escasany Sociedad Anónima y el 90 por ciento de lo que vendía era producido en Europa. Entonces, es posible que tuvieran una gran gama de trofeos comprados allá y traídos para la venta”, cuenta Daniel.

La Copa América mide 75 centímetros de altura, tiene 30 de diámetro y pesa 9 kilos. La base de madera se agregó en 1980 y desde entonces se suman placas con año y nombre del campeón.

Para él, la teoría de que la copa haya sido hecha en Argentina no es descartable. “Si gente del Ministerio del Exterior fue a Casa Escasany y la compró, seguramente quiere decir que fue hecha en Europa, porque ellos compraban allá y traían joyería y trofeos para ponerlos en exhibición. Ahora, si se trató de una copa diseñada, posiblemente tendrían que haberla encargado con un año de anticipación, porque ese es el tiempo que requiere el diseño de los moldes y el trabajo en conjunto con el cliente para ajustar detalles”, explica el artista.

LA TAPA DE LA COPA
Delante de fotografías en alta calidad, Daniel Escasany se animó a analizar el trofeo desde su experiencia: “Por lo que se ve, es una copa muy bien hecha. Lleva guardas muy típicas de aquella época, que incluso se sigue usando actualmente. Es un formato de copa común, con base, cuerpo que se ensancha y el cogote que se estrecha arriba. Se sabe que no podés innovar mucho en una copa, por eso básicamente toma la  forma de ánfora, pero sin una base chica y, en cambio, una base que mantiene la proporción de todo el trofeo”.

Sus ojos de orfebre están en el detalle fino, pero también en los grandes rasgos del trofeo. “Lo que veo es que falta la tapa. Es muy raro que una copa de este tipo no la tenga. Es posible que se haya perdido en los primeros cuatro años”, sostiene Daniel que ha trabajado con obras de estas características, restaurando e incluso haciendo réplicas históricas de tapas que justamente se extraviaron.

La empresa chilena Milled, ubicada en Santiago, es la encargada de realizar las réplicas que se entregan oficialmente por parte de la Conmebol. Está hecha de bronce, cobre y recibe un baño de plata.

“Los modelos que tienen forma de jarros, suelen no tener tapas, pero sí este estilo que cuenta con un cuello. Si te fijas, estéticamente, arriba le falta una terminación -planteó-. Siempre está la excepción, eso está claro, pero generalmente este tipo de trofeos solía tener una tapa y ahí es donde va el detalle alegórico al deporte en cuestión. Ese solía ser un remate dentro del diseño”.

Según el artista, la Copa América tiene un estilo europeo clásico, aunque admite que para definir eso es necesario contar con un mayor acercamiento a la obra. “Me encantaría poder tenerla en mis manos y precisar sus orígenes, para saber si fue hecha en Argentina, Francia o Inglaterra”, explicó. “Por más de que esta copa se haya hecho acá, hay que contextualizar la influencia cultural europea de aquellos tiempos -analizó-. Si nos paramos a mirar desde ese lugar, se entenderá ese estilo que se ve en el trofeo. Era una moda. Por esos años el país contaba con orfebres que eran más que capaces de realizar una trabajo de ese tipo.”.

El trofeo se entregó por primera vez al campeón en 1963. En aquella oportunidad Bolivia fue el país organizador y también el que se quedó con el título. Lo hizo de manera invicta, con cinco partidos ganados y uno empatado. Derrotó a Argentina (3-2) y a Brasil (5-4)

Según información oficial de la CONMEBOL, se pagaron 3.000 francos suizos por el trofeo, moneda que en aquel entonces resultaba común usar. Mucho más para comerciantes como los hermanos Escasany, quienes tenían en su rutina la costumbre de viajar al Viejo Continente para comprar todo tipo de piezas que después vendían en sus locales argentinos.

EL PASADO Y EL PRESENTE, CONECTADOS
Curiosamente, durante gran parte de su vida Daniel no estuvo al tanto de la relación entre su apellido y uno de los eventos más prestigiosos del deporte mundial: “Me enteré hace poco que la Copa América había sido comprada en Casa Escasany, lo cual me dio mucha alegría porque tengo amigos futboleros a quienes les digo a modo de broma: `La copa que quieren ustedes la hicimos o compramos nosotros ¡Vengan a darme las gracias!´”.

Los hermanos Escasany marcaron una época en Argentina. “Mi abuelo vino con sus hermanos a hacerse la América y la hicieron, pero a base de esfuerzo y de trabajo. No por medio del robo. Tenían prestigio y eran importantes dentro de la comunidad española”, relató Daniel.

A la distancia, los hermanos Escasany colaboraron con su pueblo natal. Cuenta la historia que en una oportunidad enviaron dinero luego de un terremoto y que mandaron a hacer una escuela que aún se mantiene intacta en Cardona.

Ramón y Manuel eran leales a su gente. “Una vez que hicieron plata, fueron muy generosos con los españoles en Argentina y con sus raíces. Me enteré que Ramón, al morir, era el director de una comisión que estaba proyectando una estatua que mandaron a hacer los catalanes en agradecimiento a la ciudad de Buenos Aires por haberlos recibido”, comentó Daniel, quien luego investigó y encontró la ubicación de aquel monumento en Capital Federal.

Carrer dels Escasany significa Calle de los Escasany y es justamente el nombre de una de las arterias de Cardona, pueblo en el que nacieron los hermanos y donde además fueron declarados ciudadanos ilustres.

“Me emociona y me llena de orgullo saber que mis ancestros participaron en cosas importantes y que de alguna manera hoy siguen presentes en eventos como la Copa América. Eso me hace decir que mi familia dejó un legado. Y yo hago lo que puedo, manteniendo una tradición centenaria de cuchillos o rastras de gauchos, haciendo algo cultural por el país”, expresó el bisnieto de Ramón.

Con su oficio, Daniel representa la mixtura artística del pasado de su apellido y las raíces de la identidad argentina: “Siempre me gustó el campo y le tomé mucho amor a la tierra. Este es un país maravilloso y cuando empecé con esto, me volqué a la platería relacionada con el campo. Yo no hago joyería como mi bisabuelo, pero mi fuerte es la platería criolla o tradicional”.

Guiño de la historia. Los hermanos Escasany eran catalanes nacidos en Cardona, pueblo ubicado cerca de Barcelona, ciudad que cuenta con uno de los clubes de fútbol más conocidos del planeta. Allí juega el argentino Lionel Messi, quien es considerado el mejor jugador del mundo y buscará como capitán del seleccionado albiceleste levantar la Copa América. Sí, aquel trofeo comprado en la Casa Escasany a principios el siglo XX.

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