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El humorista tucumano, Miguel Martín sale del personaje y muestra su lado desconocido. Con valentía, aborda un tema sensible: la trágica relación de su ciudad natal con la última dictadura militar.


Al igual que muchos argentinos, Miguel Martín pertenece a una generación a la que se le ocultó lo ocurrido durante la última dictadura. No aprendió sobre esa trágica etapa de la historia argentina en la primaria ni en la secundaria en Tucumán y recién a los 25 años se enteró que en el lugar donde él jugaba de niño con su hermano y amigos funcionó el primer Centro Clandestino de Detención del país. “Tengo un recuerdo como si estuviera en La Vida es Bella, esa película donde el padre le deja el mejor recuerdo de Auschwitz al hijo”, contó. El edificio llevaba el nombre oficial “Diego Rojas”, pero es recordada como la Escuelita de Famaillá.

El humorista, actualmente el más popular del norte argentino, nació en aquella ciudad dos años después del Golpe Militar, en diciembre de 1978. Y la analogía entre su edad y la de los bebés robados por militares es algo que no escapa a su lectura de la historia. “Te pones a analizar a tus compañeritos y amigos de la infancia para ver cuál de todos ellos era adoptado o podía llegar a no ser hijo”, explicó.

-Naciste en Famaillá, donde existió la Escuelita. Es algo que tiene mucha fuerza simbólica...

-Lo de la Escuelita nunca me lo enseñaron en la primaria ni me lo contaron mis padres, porque no estaban al tanto. Me enteré por lo que leí teniendo 25 años, cuando se empezó a hablar de eso. Creo que fue en el primer gobierno de Néstor Kirchner. Había escuchado alguna vez sobre el Combate de Manchalá que tengo entendido que fue en la misma época. ¿Vos sabés que de chico jugaba con mi hermano en la Escuelita? ...Él iba a ese lugar a estudiar. También tenía un amigo que vivía en frente y nos íbamos ahí a jugar al fútbol o a las escondidas. Recuerdo por aquel entonces alguien nos dijo que ahí espantaban los fantasmas o cosas por el estilo, pero siempre lo tomé como algo que les dicen a los chicos para asustarlos. Después, de grande me enteré de las atrocidades que habían pasado en ese lugar. Yo nací en diciembre de 1978 y jugaba ahí entre el ´86 y el ´88. Ya estaba terminando su presidencia Raúl Alfonsín y estaba arrancando la de Carlos Menem.

-Pero la escuela seguía abierta.

-Sí, la escuela seguía abierta. La cerraron después de que yo cumpliera 30 años, hace siete u ocho años y te lo digo sin mentirte. La hicieron Lugar Histórico Nacional durante los gobiernos kirchneristas me parece.

-¿Qué pudiste averiguar cuándo te enteraste?
-Nunca conocí a nadie que hubiera estado adentro o la historia de algún desaparecido. Pasa que en esa época, poco después del retorno a la democracia e incluso con Menem en el gobierno, la gente se llamaba al silencio. Todavía había un poco de miedo, pero recién con los gobiernos K (sic) se empezó a contar otra parte de la historia.

-¿Recordás cómo fue la vez que te enteraste que ese lugar donde jugabas de niño había sido un Centro Clandestino de Detención?
-Me impactó mucho, porque la veía tan escuelita. Tengo un recuerdo como si estuviera en La Vida es Bella, esa película donde el padre le deja el mejor recuerdo de Auschwitz al hijo. Me pasa igual, porque yo tengo el mejor recuerdo de ese lugar. Ahí viví momentos lindos, de risa y de fútbol con mis amiguitos, pero también era un periodo en el que nadie me contaba nada sobre la historia que tenía el lugar. Después, cuando me enteré, no podía creer todas las cosas que se habían hecho ahí.

-¿Algún caso te tocó de cerca?
-No, absolutamente a nadie de mi familia ni mis amigos. A veces estás sentado en la puerta de tu casa y pasa uno en bicicleta y te dicen, mirá aquel que va ahí fue montonero, pero ¿quién es ese alguien? No se sabe ni el nombre ni el apellido. Aparte viste cómo es la cosa en el pueblo, donde se crean mitos sobre personas. Porque capaz que el tipo nunca fue montonero ni milico. A mi me gusta leer los papeles y saber con precisión de quién estamos hablando. En los pueblos señalan a alguien y aseguran que robó el medidor de gas, pero ¿cómo lo probas? No, nunca me tocó de cerca una historia del pueblo relacionada a la dictadura. Es más, en un documental que vi sobre la Escuelita conocí a una señora que nunca había visto, pero que tenía una historia muy fuerte porque le habían secuestrado a dos hijos. A lo que voy es que a veces no conoces a todas las personas del pueblo y no te llegan esas historias.

-Decis que no sabías y que no te lo habían enseñado en la escuela, entonces ¿cómo hiciste para informarte en profundidad de lo sucedido?
-Me puse a buscar y arranqué viendo La Historia Oficial. Después, documentales sobre desaparecidos. Me gusta mucho la historia y la verdad que me encontré con una época durísima para la gente, sobre todo inocentes y no inocentes, porque a nadie tienen por qué secuestrarlo, torturarlo y matarlo. Y mucho menos desaparecerlos. Me pareció durísimo y no sé con qué palabra calificarlo. Es algo que nunca más tendría que volver a suceder. Hablo de ese abuso de poder y, lo peor de todo, extirpar niños y arrancárselos a sus padres originales. De eso hablaba el otro día con mis amigos. Yo le preguntaba a uno de ellos qué haría él si se enteraba que sus padres no eran sus padres, sino que eran cómplices de alguien que los habían robado. Trataba de ponerme en el lugar del hijo y me resultaba muy fuerte, porque es encontrarte con 37 o 38 años sabiendo que tus viejos no son tus viejos y que tenes otra identidad.

-Entiendo, es muy fuerte para vos porque justamente naciste en esos años.
-Te pones a analizar a tus compañeritos y amigos de la infancia para ver cuál de todos ellos era adoptado o podía llegar a no ser hijo. Pero nunca conocí alguna historia así sobre alguien cercano o por lo menos no me enteré. En el pueblo se sabe todo.

-Y se oculta todo, también.
-Sí, y se oculta todo. Es cierto eso.

-Se quiere instalar el debate sobre si fueron o no 30 mil los desaparecidos ¿cómo te cae eso?
-Yo creo que cada uno puede opinar lo que quiera. Esto te lo digo siendo una persona que no está posicionado ni de un lado ni del otro, porque no soy ni macrista ni kirchnerista. No soy de Boca ni de River, ni de Atlético Tucumán ni de San Martin. Yo soy del Club Atlético Famaillá, de mis padres y de mis hijos. Cada uno puede decir lo que se le canta, pero desde el momento en el que a una persona le arranca un hijo y lo mata, no hay discusión y aquí hay un solo culpable. Privar de la vida a alguien, privar de tener una familia a alguien y privar a ese hijo de sus padres, me parece una aberración imperdonable.

-Claro, y sobre todo que haya existido terrorismo de Estado.
-Ojalá que nunca más vuelva a pasar. Como dicen los carteles: Nunca Más. Lo digo por todos, incluso por los hijos y nietos de quienes hayan actuado en esa época. Hay gente que dice que si vuelven los militares, volverá todo a la normalidad ¡No, no, pará! Tenemos que madurar y pensar otra solución al problema de la inseguridad. No con esa opción. Así haya sido uno y no 30 mil desaparecidos, igual es algo que destroza el alma.

-¿Tuviste la oportunidad de participar en algún evento por la Memoria?
-Pasa que mi perfil no encaja mucho. Se hicieron festivales en Tucumán por los desaparecidos y derechos humanos, pero nunca me llamaron porque no daba mi perfil, primero por mi personaje de policía (ver más abajo El Oficial Gordillo) y luego porque cuento chistes. Aunque sea muy querido en Tucumán y muestre un milico con humor y sin características de facho, no daba. Sí tuve contacto con la hija de Marita Verón, Micaela. Me invitó y fui al estreno de Fragmentos de una búsqueda, una película durísima. Pero nunca me pidieron nada, si no yo lo haría encantado. Todo sea por colaborar. Entiendo perfectamente y sé que no da cuando es tan sensible el tema.

-Fuera de tu rol como humorista, se te escucha como un ciudadano involucrado e interesado por la historia y la política argentina.
-Sí, trato de hablar de frente y de no caretearla ni caerle bien a ninguna entidad política. Yo no milito para nadie, ni me interesa. Creo que toda militancia te hace perder la objetividad, porque vas a tratar de defender cosas que a veces sin indefendibles de un lado y del otro. Trato de sacar aciertos y errores de todas las gestiones, ya sea de Menem, De La Rúa, Néstor Kirchner, Cristina Fernández y ahora Macri. No me pongo la camiseta de ninguno, porque pienso que en cualquier momento esa camiseta se puede dar vuelta. Trato de tomar una postura de solución y de consenso. Discutamos nuestras ideas, pero busquemos una solución que nos sirva a todos.

-Esto que decis puede que no le caiga bien a los militantes.
-Es que yo no critico a la militancia, sólo doy mi punto de vista. No porque yo coincida en algunos puntos con los militantes, voy a ser alguien que coincida en todo. Opino y es lo que me parece. Lo hago sin agresiones al otro, porque veo que a veces no se discute sobre un problema si no que se trata de agredir al otro. En lo personal siempre apunto a la solución y no me interesa para nada el conflicto.

EL OFICIAL GORDILLO
El personaje más famoso de Miguel Martín es el oficial Gordillo, a través del cual propone una caricatura de un efectivo de la policía tucumana. El personaje nació tras un hecho verídico que le sucedió cuando tenía 16 años. “Fui a renovar una cédula y el policía me preguntó el apellido. Le dije Martín y me corrigió: “No, vos sos Martínez”. Le aclaré que no era así y él aseguraba que Martín era mi nombre. ¿Tan boludo voy a ser que no me se mi apellido?, me preguntaba. Así fue que durante un par de años tuve una cédula que decía Martinez. No le iba a discutir al efectivo y menos en esa época, me iban a meter en cana”, recordó. “Desde los 20 años que uso el personaje. Al principio andaba con miedo, porque pensaba que me iban a apurar, pero no me dijeron nada y cuando me hice más conocido pasé a ser querido por ellos”. Su próximo show está pautado para este viernes 16 de septiembre, en Capital Federal (teatro Opera Allianz).

“ESTÁ CADA DÍA MÁS DIFÍCIL EL TEMA DEL HUMOR”
Entre tantos cambios sociales y culturales que atraviesa la sociedad argentina, Martín intenta seguir haciendo humor con lo cotidiano y, por ejemplo, toca el tema de la pobreza cuando habla de sus orígenes humildes en Tucumán. “Está cada día más difícil el tema del humor. Por ejemplo, hacer chistes sobre gays no cae bien, porque la comunidad está atenta”, contó. También agregó que suele tener  algunos reclamos en las redes sociales: “Uno publica chistes sin mala intención, pero puede llegar a ofender a alguien”. Completa: “El humorista tiene que ir evolucionando en este sentido, pero también hay personas que le buscan el pelo al huevo. En mis shows hablo de cómo nuestros viejos nos fajaban cuando eramos chicos y no por eso me pueden acusar de hacer apología de la violencia infantil ¡Nunca haría eso! Tengo hijos, nunca les pego y los educo como mandan los tiempos actuales”.
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