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AHORA LOS CLUBES DE FÚTBOL APUESTAN AL HOCKEY MASCULINO

De las 30 instituciones de Primera División, 21 tienen al hockey entre las disciplinas para sus socios. Cómo buscan capitalizar el oro ol...

El rosarino volvió a la Selección, fue el capitán e hizo el gol del triunfo para poner al país al frente de las Eliminatorias Rusia 2018. Había renunciado, pero volvió y aquí no pasó nada. ¿Aquí no pasó nada?
Dentro de 20 años, alguna joven futbolera estará compartiendo una ronda de mates con sus amigos y preguntará con cierta trampa: ¿cuántos partidos de la Selección mayor estuvo ausente Messi cuando renunció?. Todos se pondrán a pensar y tal vez iniciarán un debate. Alguno habrá escuchado por ahí sobre esa histórica renuncia, pero realmente no estará seguro si era verdad. Otros insistirán en un debate sobre el número preciso de partidos. Dirán que fueron dos, cinco o diez. Tal vez también debatirán si fueron oficiales o no esos encuentros en los que no estuvo. Fueron cinco, pero sólo dos correspondieron a Eliminatorias, responderá a viva voz alguno que creerá tener la respuesta. No. Ninguno, dirá la futbolera en cuestión.
Lionel Messi comunicó su renuncia al seleccionado en la madrugada argentina del lunes 27 de junio. "Son cuatro finales, no es para mi, lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba, pero no se me dio. Más que nunca quería ganar al menos esta Copa pero no pudo ser". Volvió a jugar por Eliminatorias el 1 de septiembre.
Así es, Messi renunció a la Selección pero volvió 66 días después y, a pesar de eso, no se ausentó en ningún partido del equipo mayor. A simple vista es un dato que parece no aportar nada, porque todo se resume a que “Messi nunca se fue”. El rosarino volvió como capitán y anotó el gol del triunfo frente a Uruguay. Y eso no es todo, pues gracias a ese gol ahora Argentina es líder de las Eliminatorias con miras a Rusia 2018. Todo parece volver a la normalidad, ¿no? Entonces, hay que seguir hacia adelante como si nada pasara, pero hacer esto sería olvidar la vez en que el exitismo argentino tocó su pico máximo. Tan alto que llevó al argentino más conocido del planeta a dar un paso al costado ante la presión que le generó tantos fracasos (tres finales perdidas: un Mundial y dos Copa América). Claro, hay que entender en este escenario que Messi no se queda afuera. Él es un argentino más, víctima de una formación cultural atravesada por el exitismo.
Dicen que las cosas se valoran más cuando faltan o escasean. Bueno, eso parece no suceder en la sociedad (entiéndase también “prensa”) argentina con respecto al fútbol. No se jugaba la final de un Mundial desde Italia 1990, pero ¿se valora algo de la final conseguida en Brasil 2014 o se recuerda más el nombre del Pipa Higuaín? Tampoco se consigue una Copa América desde Ecuador 1993, pero es un “dato negro” decir que Argentina estuvo presente en cuatro de las últimas cinco finales del certamen. “Después del bicampeonato 91-93, la Selección sumó sólo decepciones”, resume un diario al respecto. Fueron finales que se perdieron, claro.

El fundamento de quienes reclaman el éxito de manera desmedida es “¡Somos Argentina!”, pero ¿qué es Argentina en el fútbol actual? ¿No es un país que arrastra una crisis institucional (AFA) de la cual no consigue salir? ¿no es un país con clubes endeudados y con barras enquistados desde hace largos años? ¿no es justamente un país que debería empezar a analizar de otra manera las finales perdidas ante la falta de logros deportivos?
"Leo es el máximo goleador de la historia de la selección. Llegó a tres finales consecutivas… ¿Qué estamos cuestionando entonces? Hay que escucharlo, hay que rodearlo de alguna manera… pero no está mal lo que se ha hecho, nada está mal… Aun así no le sacamos esa etiqueta que dice que con la selección no funciona ¡¿Cómo que no funciona?! Es el máximo goleador de la historia, llegó a varias finales… ´Ahhh, pero no las ganó´, dicen y pensamos que es un fracasado. ¡Y no es así!". Hernán Crespo, ex futbolista a La Nación Deportiva 04/09/16.
Messi volvió y todo se resume a que Messi nunca se fue y entonces nuevamente el triunfo tapa el análisis del por qué decidió alejarse y esa presión que espíritu triunfalista argentino le generó, como si él no fuera ya un futbolista exitoso. Pero claro, “no ganó un Mundial y entonces nunca será como Maradona”, entiéndase: no ganó nada. Pareciera ser que cuanto más tiempo pasa Argentina sin obtener  un título internacional, más grande y prestigiosa es su historia futbolera y más alta es la vara con la que se mide al futbolista albiceleste y más alta la exigencia con la que se demanda que gane un título. Pero no un título “cualquiera”, como serían los Juegos Olímpicos, porque de esos se ganaron dos y no son títulos de “verdad”, como sí lo son un Mundial o una Copa América.


En Argentina se aborda al rendimiento de los deportistas con una dureza desmedida. Si llegó a una final y la perdió, todo se limita a que fracasó. Pero ¿es inocente empezar apenas un mínimo razonamiento analizando que, por ejemplo en el fútbol, Argentina atraviesa una racha histórica de participaciones consecutivas en finales de torneos internacionales? El ejercicio pasa por aplicar una lectura positiva.
“No soy un ganador desde que me levanto hasta que duermo como muchos argentinos. He perdido finales y no me siento un fracasado. Evidentemente, en Argentina hay muchos ganadores natos. No es mi caso. A mí me tocó perder”, reflexionó con ironía Javier Mascherano en conferencia de prensa el martes 30 de agosto.

Los deportistas en general tienen algo más que por ahí no está en el registro del ciudadano común y es su persistencia en la búsqueda de sus objetivos o sueños. Muchos de ellos planifican un trabajo, entrenan con disciplina todos los días, semanas y meses. En resumen, intentan todos los días ir tras sus sueños u objetivos, pero muchos de ellos nunca llegan a alcanzarlos. Muchos de ellos cobran dinero por hacer el intento y muchos otros lo hacen de manera amateuro, después de una rutinaria jornada laboral o de estudio. Pierden y aún así, siguen intentando. Entonces, surge la pregunta: ¿cuántos argentinos dejan de luchar por sus sueños cuando caen en el primer intento? ¿cuántos no siguen intentando por temor a perder y ser tildados de fracasados? ¿Cuántos siguen adelante corrigiendo errores? ¿Todos triunfan desde que se despiertan hasta que se acuestan? ¿Desde qué lugar se condena y cuestiona con tanta dureza a aquel que trabajó día tras día para alcanzar su sueño y perdió en una final?


Perdió, pero lo intentó. Y ahora volvió justamente para seguir intentando eso que es su sueño. Junto a él, muchos otros más lo siguen haciendo día a día y desde el anonimato, en sus barrios o pueblos. Olvidar los 66 días sin Messi sería dejar pasar una buena oportunidad para, por lo menos, aplacar apenas un poco el exitismo argentino.
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